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Desde Afuera

¿Fracasaron las becas?

24 de agosto, 2009


Una parca nota ‘oficial’, que es casi todo lo que se escribe en Cuba aunque no lleve ese nombre, informó sobre el desmantelamiento de las escuelas en el campo, de las becas. El experimento de incubadora soviética había fracasado. Sufragar los cuantiosos gastos que generaban estos centros, más la falta de control disciplinario que en muchas escuelas llegó a generar enfrentamientos pandilleros e inseguridad y miedo para gran parte del estudiantado, e incluso del claustro, son algunas de las causas que llevaron a su definitiva clausura.

Debo decir que realmente me alegro muchísimo que las escuelas al campo se hayan acabado, máxime cuando muchas veces era la única opción que tenía un joven para poder escalar a la educación superior. Ahora los institutos preuniversitarios pasan a la ciudad.

Sin embargo, la Lenin sigue siendo una escuela al campo, es básicamente una vocacional en las afueras de la ciudad, con un régimen de vida interno más la consabida faena laboral. Y a pesar de que la Lenin es en esencia una beca, ¿por qué ésta no es desmantelada como el resto de las escuelas del país? ¿Por qué el experimento en la Lenin sí ha funcionado, mientras que en el resto del país ha sido un completo desastre?

En primer lugar, a la Lenin se ingresa por oposición, lo cual exige no sólo un rendimiento intelectual extraordinario, sino además, la posibilidad de sufragar profesores particulares que preparan a los estudiantes aspirantes a la Lenin a calificar en el escalafón de los exámenes de ingreso.

De alguna manera y nunca de manera absoluta, las familias que pueden soportar estos pesos económicos son por lo general aquéllas que trasmiten los valores de la buena educación, por lo tanto, la Lenin se erige como una meta, y sobresale del resto de las becas en la psicología social, toda vez que a éstas se ingresa por defecto.

Por otra parte, el régimen disciplinario de estudio de la Lenin exige rendimientos académicos por encima de la media; asimismo, la cantidad de horas dedicadas a cada materia es también superior con respecto de los planes de estudio de las becas del país.

La beca interna no es un invento soviético; este tipo de escuela existe desde hace mucho tiempo. Se dice que la vida interna permite que el estudiante no se disocie en pensamientos ni actividades ajenas al estudio, y que por lo tanto, de esa manera se garantiza un buen aprovechamiento académico; no obstante, también es cierto que ese aislamiento hace al estudiante ideológicamente mucho más vulnerable y susceptible a la dominación física y psicológica desde las posiciones de poder, sobre todo en un contexto tan peculiar como es la educación estatal cubana.

Si las becas en Cuba fueron o no un fracaso, puede ser pie para un encendido debate, de manera que sólo me limito a decir que sea lo que fuere, debemos asumirlo como parte de la identidad de los jóvenes cubanos en los últimos 30 años, y aunque tuvimos privaciones, malos momentos, lágrimas, desesperos, quizá un poquito de hambre de vez en cuando, lo cierto es que fue una experiencia inolvidable y sumamente enriquecedora, de la que me siento muy feliz de haber vivido.


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